La integralidad​

 

Sergio Aguayo

 

Nos visita un importante funcionario internacional y nos recordará que tenemos compromisos humanitarios con los refugiados que cruzan México o nos toman como destino huyendo de la violencia del crimen organizado centroamericano.

     

    Donald Trump nos critica por el déficit comercial, la migración y las drogas que les llegan de México. Enrique Peña Nieto le responde pidiendo “un enfoque integral” que incorpore las “armas y dinero en efectivo” que vienen de los Estados Unidos. La integralidad como marco de una renovada estrategia mexicana es un acierto de Peña Nieto. Ese es el camino. Sólo falta que el discurso se ponga en práctica. Veamos lo que sucede con la migración centroamericana.

 

    La política mexicana es rabona y contradictoria. Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, declaró que si los Estados Unidos nos trata bien en la renegociación del Tratado, México seguirá frenando la migración en la frontera sur; en caso contrario, dejaremos pasar a los migrantes. El comentario confirma que nuestra política migratoria está al servicio de la potencia y que Guajardo no entiende las interacciones del comercio con las dinámicas de la migración, los compromisos humanitarios y la seguridad.

    

    El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) protege a quienes huyen de la violencia, la guerra y la persecución y su titular, Filippo Grandi, se encuentra en visita por algunos países de centroamérica y desde luego México, en donde el 23 de agosto, se cumple el séptimo aniversario de la ejecución por Los Zetas de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas. Fue una tragedia humanitaria que mostró cómo la migración es parte integral de la seguridad mexicana. Desde entonces ha ido creciendo la preocupación de ACNUR por un deterioro atenuado por la solidaridad de organismos civiles y eclesiásticos. Grandi es un recordatorio de que tuvimos una tradición de asilo y que ahora somos corredor y destino de quienes escapan de la violencia.

    

    Nuestro gobierno enseña el cobre en este asunto. En septiembre de 2016 hubo una Cumbre sobre Refugiados y Migrantes organizada por Naciones Unidas a iniciativa de Barack Obama. Enrique Peña Nieto se lució con un discurso solidario. Dijo que 400 mil centroamericanos llegan a México cada año entre los cuales vienen miles huyendo de la “violencia generada por el crimen organizado”. Aseguró que su gobierno dice “no a la indiferencia” y que crecería el “apoyo económico”.

 

    Frases huecas. Comparemos los presupuestos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, COMAR con los de ACNUR entre 2015 y 2017. La COMAR tuvo en el primer año 25.9 mdp y 25.4 en el segundo; ACNUR 73 y 319 mdp, respectivamente. El gobierno mexicano contradice la palabra presidencial y deja la carga en un organismo internacional y en la sociedad civil.

 

    Una de las causas de esta actitud es que la migración está disociada de la estrategia de seguridad. Negación absurda porque la explotación de los migrantes ha empoderado a los carteles. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estima que en 2015 se gastaron seis mil millones de dólares en el contrabando de personas de México a los Estados Unidos. Desconocemos cuánto de esa fortuna son ganancias para los carteles –y cuánto de eso va a los funcionarios corruptos que los protegen– pero según la consultora Stratfor es el tercer rubro de ingresos de Los Zetas después del tráfico de drogas y armas.

 

    Si México tuviera una estrategia integral, su prioridad sería debilitar financieramente a los carteles (eso hicieron con notable éxito Gran Bretaña y los Estados Unidos en la ofensiva contra Al Qaeda posterior al 11 de septiembre de 2001). Entonces, por razones de seguridad el gobierno mexicano debería proteger a los migrantes y refugiados. Reduciendo los ingresos de los criminales se reduce su peligrosidad.

 

    Vivimos tiempos difíciles y entiendo la renuencia del gobierno mexicano y de una parte de la sociedad a invertir dinero en atender adecuadamente a quienes llegan huyendo. En este caso, el corresponder al esfuerzo que está haciendo ACNUR sería una inversión en seguridad que mejoraría la deteriorada imagen de la diplomacia mexicana. Tratar con respeto a los centroamericanos como parte de una estrategia integral, refrenda los compromisos humanitarios y es beneficioso para la seguridad nacional.

 

Agradezco las sugerencias de la maestra Marcela Valdivia Correa.

 

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer.

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